jueves, 22 de octubre de 2020

MESETA (2019)


LA ESPAÑA VACÍA CASTELLANOLEONESA


PAÍS: España (2019)
DIRECCIÓN: Juan Palacios
FECHA Y LUGAR DE NACIMIENTO DEL DIRECTOR: 14 de Febrero de 1986, Eibar (España)
GUIONISTA: Juan Palacios
FOTOGRAFÍA: Juan Palacios
GÉNERO: Documental
PRODUCCIÓN: Doxa, Jabuba Films
DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Atera Films
DURACIÓN: 89 minutos
PREMIOS: 1 premio en el CPH: DOX de 2019


SINOPSIS:
En algún lugar de la meseta castellana un pastor de ovejas sueña con viajar al Titicaca, un dúo musical retirado recuerda su época dorada, dos niñas buscan pokemons sin suerte y un abuelo recuenta las casas vacías del pueblo para quedarse dormido. Los personajes de esta película cartográfica revelan el relato de un mundo rural cuya cultura ancestral se desvanece en el tiempo. A través de una mirada poliédrica nos movemos por un paisaje emocional que va desde la melancolía hasta el humor. 
 (Fuentes de la sinopsis, el cartel y las imágenes: Suria Comunicación, Atera Films)
 (Fuentes de la información de la película: Filmaffinity, Atera Films, IMDb)


CRÍTICA:
El segundo largometraje dirigido por Juan Palacios, tres años después de su ópera prima "Pedaló (2016)", premiada con el Zinemira a la mejor película vasca de esa edición del Donostia Zinemaldia, es un documental que pone su punto de mira en la vida diaria y en la belleza natural de una localidad castellanoleonesa, en concreto ha sido rodada en Sitrama de Tera (Zamora), para mostrar los cambios en las costumbres de las personas mayores que viven en una de las localidades de esa "España vacía", y que el director en un minucioso trabajo de rodaje nos regala unas bellas imágenes de ese lugar, mientras va siguiendo a esas personas mayores que viven de la ganadería y la agricultura, con unos atardeceres y amaneceres muy bien retratados por la cámara de Juan Palacios.
El proyecto se ha proyectado en muchos festivales, algunos de los más importantes en el ámbito del documental como el danés de CHP: DOX que se celebra en Copenhague, en donde recibió una mención especial. En nuestro país se estrenó en la pasada edición del Festival de cine de Gijón formando parte de la sección Rellumes del FICX 2019 y posteriormente en otros escenarios como el Festival de Cine Independiente de Barcelona, en donde ganó el premio al mejor largometraje, DocumentaMadrid, el Abycine de Albacete y online en el Atlántida Film Fest 2020.


El proyecto se ve bien, es sencillo y fácil de recomendar, tiene momentos divertidos en esas conversaciones de esos supervivientes de esas localidades de la meseta castellana que se resisten a abandonar su pueblo y su modo de vida. El director tardó bastante tiempo en grabar algunas escenas, en esos planos fijos de los paisajes, dejando la cámara fija en un lugar para ir filmando las diferentes imágenes, como sucede en esos documentales de naturaleza, con los que este largometraje comparte bastantes cosas a nivel formal. El prólogo con esa vista aérea de la zona y el posterior seguimiento a ese pastor que se mueve con su rebaño de ovejas y los dos perros, ya nos presenta a uno de los protagonistas de este documental que nos va acercando poco a poco a los habitantes de esa localidad zamorana, en su vida diaria, y que cuentan lo que hacían cuando eran más jóvenes y los cambios de la España franquista, en donde la censura no les permitía hacer muchas cosas, al actual en donde hay más libertad pero que esa industrialización y los avances tecnológicos han provocado el traslado de las nuevas generaciones a las capitales de Provincia con el consiguiente abandono de esos pueblos, que en algunos casos parecen localidades fantasmas, pero donde hay personas que siguen resistiéndose a dejar su localidad natal en donde han vivido sus momentos más felices y otros más amargos.


El largometraje está muy bien filmado por parte de Juan Palacios que ha sabido colocar su cámara de manera natural en el lugar preciso para captar la esencia del paisaje natural, y dejar libertad a los protagonistas para que hablen sin necesidad de unos enfoques extraños innecesarios, y en otros momentos les va siguiendo en su recorrido diario, ya sea el pastor con sus ovejas o el pescador que se descalza y se mete en el río o a unas niñas hermanas que recorren las calles y los alrededores del pueblo y que se plantean si vendrán algunas de sus amigas y lo que era ese lugar unos años atrás.
El otro aspecto positivo es el sonido, ya que ha sabido captar la esencia del entorno natural sin necesidad de emplear una música externa, salvo en una situación, y nos permite conocer las inquietudes de esos héroes que a modo de resistencia se resisten a abandonar esa vida tan tranquila, aunque en algún caso (los que no son tan mayores) no se niegan a usar los avances tecnológicos para ayudarles en su vida diaria.


LO MEJOR: La fotografía. La dirección.
LO PEOR: Se pierde algo de interés en la parte final.

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DÍAS DE CINE:
NOTA DEL DIRECTOR:
La meseta es un lugar que me resulta extraño y me atrae al mismo tiempo. Es un paisaje de cielos enormes y horizontes lejanos más allá de lo pintoresco, de película del oeste, cinemático, ancestral y solitario. Uno se hace más pequeño aquí y el tiempo parece transcurrir más despacio, indiferente a las vicisitudes del mundo. De temperaturas gélidas en invierno y sol tórrido en verano puede resultar una tierra hostil y poco acogedora pero de ella miles de labradores han vivido durante siglos. Una cultura campesina de sabiduría tradicional que ha sido la predominante hasta hace muy poco. Sin embargo hoy para algunos es una zona de paso abstracta que surcan a toda velocidad para ir de una ciudad a otra. Para otros es el lugar de origen del mito familiar. El pueblo de mis abuelos es un pueblo de la meseta como otro cualquiera. En él pasé los veranos y vacaciones de mi infancia. Viví en una casa de adobe, maté un cerdo, bebí agua de un pozo, cogí pichones de un palomar y me mojaron los genitales con vino en una especie de ritual de iniciación. Experiencias castizas, algunas ilegales hoy en día, pertenecientes a una cultura y estilo de vida en vías de extinción. Llevaba algunos años sin volver. Lo hice un día de septiembre. Las calles estaban desiertas y en silencio. Los veraneantes ya se habían marchado y ya solo quedaban (resguardados en sus casas) los “fijos” del pueblo: unos 90 habitantes, casi todos jubilados, y entre ellos un niño de 14 años, el único del pueblo. El fenómeno de la despoblación que llevaba años ocurriendo pero que en mis veranos infantiles me pasó desapercibido se me hizo más que obvio. Fue entonces cuando empecé a preguntarme por el futuro de este lugar. Con la idea de elaborar un ensayo cinematográfico de campo recorrí más de 20.000 Km por la meseta castellana buscando lugares y personas que me ayudaran a comprender la realidad de este vasto territorio. Quise abstraerme en el paisaje a través de la gente que vive en él, asimilando a nivel formal en la película los ritmos del lugar. De este modo y en contraposición a esa imagen fugaz y distante que se divisa desde la autovía, el AVE o el avión, mi intención es crear una experiencia fílmica sensorial con la meseta como protagonista que siente y observa de cerca a las personas que todavía la habitan. Cada personaje articula una idea en esta especie de película cartográfica. Cada uno nos revela nuevas capas de un paisaje tanto físico como mental y entre todos ellos conforman un mapa para orientarnos o perdernos, si así lo queremos, en el espacio-tiempo de la meseta.
 (Fuente del texto: Presskit-Suria Comunicación)


TRAILER:

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