jueves, 20 de febrero de 2020

LO PERDIDO (2019)


LOS RECUERDOS FAMILIARES 


PAÍS: España (2019)
DIRECCIÓN: Santiago Solera
INTÉRPRETES: Santiago Solera, Raúl Solera, Raúl Martín Solera, Mari Carmen Herrera, Rafael Fernández, Irene García, Alicia García, Elena García, Lorenzo Solera, Máximo Molina, Jesús Garrido, Francesca Corrado, Francesco Macrì
GUIONISTA: Santiago Solera
FOTOGRAFÍA: Jorge Rio
MÚSICA: Adrián Berenguer
GÉNERO: Documental
PRODUCCIÓN: Bidaiak Sociedad Coop. Madrileña
DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: #Con un Pack Distribución
DURACIÓN: 98 minutos



SINOPSIS:
Mi madre ha muerto. Se llamaba María. Descubro entre los objetos dejados por mi madre cientos de fotografías: de mi abuelo materno, de mi tía-abuela, de mis padres… Y a través de ellas y con la ayuda de una cámara antigua, recorremos los lugares donde se hicieron. Con ello busco recuperar esos recuerdos para que no se pierdan.
 (Fuente del cartel: Sensacine)
 (Fuente de la sinopsis y las imágenes: #Con un Pack Distribución)


CRÍTICA:
Santiago Solera dirige su primer largometraje tomando como punto de partida un suceso trágico personal, el de la muerte de su madre, unas horas después de haber llegado a Buenos Aires, y a partir de esa situación decidió documentar la vida familiar, y para ello recopiló un gran material de archivo fotográfico, y con la ayuda entre otros de su hermano Raúl, planteó el guion del proyecto y el posterior montaje de todo el material filmado. 
Este largometraje documental, que desde mañana viernes se podrá ver en plataformas digitales de España, Estados Unidos y Reino Unido, entre otras en Flixole, Filmin y Amazon Prime Video, y que se proyectará en algunos cines españoles, es dinámico, informativo, tiene una de las voces en off que funciona mejor a nivel cinematográfico (La del propio director que hace de narrador de la historia del pasado familiar).


Además cuenta con la música compuesta por Adrián Berenguer, que es perfecta para acompañar a esas imágenes, en algunos casos con una gran carga dramática, y que sirve a modo de pincelada para contar el dolor sufrido por algunas familias españolas durante la Guerra civil española y posteriormente en la dictadura franquista, en ambos bandos, aunque en este caso se centra en personas del bando republicano.
El proyecto cuenta con testimonios de personas que conocieron a la madre del director, y con otras mucho más jóvenes que no vivieron en esa época, pero que cuentan lo que sus familiares le contaron de lo que vivieron en esos años. 


Con el paso de los minutos el cineasta, manteniendo el recuerdo de sus padres como elemento central de fondo, llega hasta la otra persona clave del relato, la de su tía Regina y de su novio en esa época José Sinde, y en la historia personal de ese familiar es la que centrará ese relato, que va alternando con fotos de su madre, y con un viaje del propio director junto a su hermano para filmar en los lugares en donde vivieron muchos años sus padres, en Italia y Suiza, y buscar testimonios de gente que les conocieron, en especial en la localidad suiza de Arosa, en plenos Alpes, en donde su padre estuvo trabajando durante un largo periodo de tiempo. También aborda el asunto de las víctimas del franquismo, en especial en la localidad conquense de Tarancón. 
Un documental recomendable y que demuestra el talento de los cineastas españoles en este género, con historias que enganchan y al mismo tiempo son críticas con algún tema de interés social.



LO MEJOR: Ser dinámico e informativo. El empleo de la música y las canciones.
LO PEOR: Pierde algo de interés en la parte final.

NOTAS DEL DIRECTOR:
Cuando murió mi madre, en Buenos Aires, el día de Navidad del año 2014, hace cinco años, en una cama extraña, de manera inesperada, no sabíamos qué hacer. Recuerdo que un amigo, que vive y vivía allí, nos dijo: “Esto saldrá de alguna manera”. Empecé a escribir horas después de que se nos fuera. Ideas deslavazadas, caóticas, demasiado emotivas. No había por entonces ni por asomo la idea de un guion o de un documental. En Madrid, de vuelta, a los dos meses, revisamos lo que nos había dejado. Las fotografías me atraparon desde el principio. Era como descubrir o, mejor dicho, redescubrir un mundo perdido. Sabía de su existencia; durante años nos las había enseñado mi madre, orgullosa de su padre o de su tía Regina. Es un recuerdo de infancia muy intenso. Esas fotografías fueron el punto de partida. El guion tenía que girar alrededor de ellas, construirse, teniéndolas presente siempre, en cada momento. ¿Pero era suficiente? Unos papeles me descubrieron, un par de semanas después, a José Sinde, el primer novio de mi tía abuela. Y luego, decenas de investigaciones en archivos, de Madrid, Ávila, Tarancón, Cuenca, Barcelona. Historias que ignoraba de mis bisabuelos, mi abuelo; incluso de mi padre. Volvía a recuperarlas. Empezaban a formar parte de mi propia vida. Pedí una excedencia. Me venía bien dejar el trabajo, centrarme en este proyecto y dedicarle el dinero y tiempo que necesitara. Pero me faltaba experiencia en el cine. Como mucho he escrito algún guion y poco más. Y aquí entran tres personas que creyeron en el proyecto y dedicaron tiempo y parte de su dinero, en algún caso, para que saliera adelante, a pesar de todas las dificultades, las dudas, los errores. 
Mi hermano Raúl, Jorge Rio y Jorge Costilla. Fue un proyecto entre cuatro personas, sin ayudas de ningún tipo, que salió milagrosamente adelante. Se rodó, se montó y ahora, se ha estrenado y podrá verse. El guion fue una labor ardua. Se necesitaron más de cinco versiones. Y, aún así, antes del rodaje, no estábamos satisfechos. Recuerdo que, antes de terminarlo, hice un viaje a Arosa, Suiza. Nunca había ido allí, aunque ese fuera el primer lugar al que fueron mis padres, cuando se buscaron la vida, recién casados, enamorados, jóvenes. Supe desde el primer momento que ese lugar sería importante. Clave. Sin él, la película no tendría ningún sentido. Tardé en comprender que también necesitaba que mi hermano fuera allí; lo haría al final del rodaje. Y que las cenizas de mi padre debían aventarse en ese lugar. 
Pasó mucho tiempo para que comprendiera que no solo era la historia de mi madre; sino también la de mi padre y, sobre todo, la nuestra. El rodaje de un largometraje es una locura. Fue una locura. A medida que el proyecto avanzaba, nos fuimos dando cuenta de que no teníamos la experiencia necesaria para abordar un proyecto tan complejo y que suponía rodar en varias localizaciones, muy alejadas entre sí: Suiza, Francia, Barcelona, Gandía, Lozoyuela, Madrid, Tarancón. Aún así, los cuatro pusimos todo el tiempo, esfuerzo e ilusión de los que fuimos capaces. Terminado el rodaje, el siguiente paso es el montaje. Duró más de un año. Es ahí donde se hace la película o donde se rehace. Mucho más, si es un documental. Hubo momentos en los que pensé que no podríamos terminarla. Pero lo hemos conseguido. Aquí está. Con sus virtudes y sus defectos he intentado contar -hemos intentado contar- lo que nos provocó la muerte de mi madre. Pero también, sobre todo, lo que nos dicen esas fotografías de nosotros mismos. Siempre he creído que la memoria nos salva. Sin ella, estamos perdidos; no somos nadie. Con ella, construimos no sólo el pasado, sino, quizás, el futuro. ¿Pretendo contar la historia de este país, hablar de sus luces y sus sombras? Inútil. Sería pretencioso pensar que se puede aspirar a tanto. Quizá, al final de este proceso, mis pretensiones son mucho más humildes: me conformo con que alguien, al verlo, empiece a recordar su vida, la de los suyos. Se emocione. Que busque entre sus recuerdos. Y despierte y recupere, como con José Sinde, a aquellos que fueron olvidados. A la muerte no le puede seguir el olvido. Y me gustaría de alguna manera haber conseguido, por lo menos, sólo esto. 
 (Fuente del texto: Dossier de prensa-#Con un Pack Distribución)



TRAILER:



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